Cuando lo mataron en Higueras, un viento de luto cubrió el orbe.
Y todos impotentes para impedirlo, después de haber temido por meses, semanas, días, que sucediera esa como muerte parcial de los humanos. No importaba la raza, el continente, la religión, la ideología; cada uno le amó a su modo, le tomó su voz de río interminable, acompañó el trote de su Rocinante. América Latina ha parido muchos héroes y grandes conductores. Nuestros pueblos los han querido, respetado y seguido. Pero amor unánime, llameante, infinito sólo han recibido dos de éllos: Simón Bolívar y Ernesto Che Guevara. Con una circunstancia, fruto de los siglos: en tanto el Libertador apenas es conocido en el Tercer Mundo, aparte de América Latina, el nombre del Che es bandera de rebeldía en la enorme superficie del globo donde los pueblos están esclavizados todavía, y allí donde el socialismo urge revolucionarse a sí mismo. Conforme la Tierra gira, el sol alumbra siempre su efigie. Su mirada horizontal no se apaga jamás.
Y si no podemos ser Hombres del Siglo XXI, igual que el Che, al menos somos leales a su sombra. Jaime Galarza Zavala: Poeta, ensayista y periodista ecuatoriano, autor de una veintena de libros. Fue el primer ministro de Ambiente del Ecuador. Miembro del Consejo Editorial de Altercom |