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Madre Tierra

    Día Internacional de la Pachamama

Idón Moisés Chivi Vargas / katari.org
El Día Internacional de la Madre Tierra es en realidad el Día Internacional de la Pachamama y eso no es casualidad, es el resultado de una serie de gestiones realizadas por el Presidente Evo Morales ante las Naciones Unidas, en sus visitas a la Asamblea General y que acostumbra a darse por el mes de septiembre de cada año.

Madre Tierra. Ilustración: katari.orgPero más allá de ello, el verdadero significado del Día Internacional de la Pachamama no está en el hecho de que sea la ONU la que lo celebra a nivel mundial, sino en el significado histórico, por un lado y jurídico por el otro.

En lo histórico la declaración del Día Internacional de la Pachamama es la introducción del primer concepto mundial de origen indígena en el panorama lingüístico de las Naciones Unidas y por lo mismo del mundo entero.

En lo jurídico se marca un nuevo escenario semántico para el tratamiento de las culturas más antiguas del continente, entra en el lenguaje de los Derechos Universales la Pachamama, por ello es que, aún hoy está en discusión la Declaración de los Derechos de la Madre Tierra y no es poco lo que se discute, está en juego la existencia misma del planeta.

La declaración del Día Internacional de la Pachamama es una victoria fuerte en el seno mismo de las Naciones Unidas. Por ello es que Evo Morales fue declarado “Héroe de la Madre Tierra” por Miguel D’Scotto de la ONU.

Pero de lo que se trata es que, para nosotros es el “Día Internacional de la Pachamama” y es la victoria de una de las más viejas protectoras del mundo andino.

Pero Pachamama no solo es Madre y Tierra, sino es nuestra memoria de la resistencia anticolonial y nuestra propuesta de futuro, es el camino que nuestros mayores dejaron para nosotros, y nuestros hijos y nuestros nietos.

Pachamama es un imaginario social y colectivo que nos ha permitido resistir a todo el proceso de agresión republicana desde los primeros días de la independencia.

Es la forma en que debemos vivir en armonía, para no asesinar un planeta cada vez más escaso, cada vez más agredido y cada vez más violento en sus respuestas sísmicas, sequias y, sus inundaciones.

Pachamama es hogar, es trabajo, es alegría del futuro y el horizonte de que la muerte no existe sino solo la otra vida y que siempre retorna.

Por ello, en este Día Internacional que es victoria nuestra en las Naciones Unidas, conviene reflexionar sobre la fuerza del pueblo para pasar del desarrollismo al Vivir Bien.

En este Día Internacional de la Pachamama conviene reflexionar sobre la importancia de la Madre y de la Tierra, recordar que Pacha es mujer y es dadora de vida, que Tierra es fertilidad y la fertilidad no se mata.

Conviene reflexionar que nosotros somos mortales y por ello: “la Pachamama puede vivir sin nosotros, mas nosotros no podemos vivir sin la Pachamama”, como lo dijo Evo Morales.

Las Naciones Unidas lo dicen, aunque falta alguito más: “Madre Tierra es una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos”

¡¡¡O se muere el capitalismo o se muere la Madre Tierra!!!.

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Raíces africanas en Bolivia

    En busca de raíces africanas

Isabel Gracia / la-razon.com
Eso de ahí arriba ya es Coroico?”. Joseph se despierta del sueño que le ha traído desde La Paz hasta los Yungas. El sol sale tímidamente entre las nubes y sus rayos iluminan tramos de la carretera angosta y serpenteante que los prisioneros paraguayos construyeron tras la Guerra del Chaco.

Joseph Ndwaniye dejó Ruanda hace más de 20 años para continuar sus estudios de Enfermería en Bélgica. “Nunca había pensado dedicarme a la literatura”, comenta mientras rebusca en su cabeza las palabras de una lengua que no domina.

Raíces africanas en Bolivia. Foto: la-razon.com

En 2003, nueve años después del genocidio de su país, decidió volver a visitar a su madre y a los familiares y amigos que habían sobrevivido. Su hija de siete años le regaló un cuaderno en blanco para que escribiera todo lo que la abuela les iba a relatar. “Acababa de aprender a leer y estaba orgullosa”, explica Joseph. “Fui con un cuaderno en blanco y volví a Bélgica con seis escritos”. De ahí nació su primera novela.

La tercera, aún en proceso, es la que le ha traído hasta Bolivia para conocer más de cerca al pueblo afroboliviano y encontrar las raíces de un árbol cuyas semillas se esparcieron en África y llegaron de manera forzada hasta América. La historia explora las relaciones entre un joven belga de origen africano y una chica que vende jugos en La Paz y que descubre a lo largo del libro sus orígenes afro.

El minibús llega a la terminal de Coroico. Del techo del auto Joseph baja su maletín con ruedas y nos dirigimos a la plaza principal del pueblo para almorzar. En la región de los Yungas se encuentra la población afro más numerosa del país. Según el censo de 2012, hay 16.328 en todo el territorio, aunque desde el Centro Afroboliviano para el Desarrollo Integral y Comunitario (CADIC), que preside el diputado del MAS Jorge Medina, han llegado a contabilizar hasta 25.000.

Joseph observa las montañas y por un momento su mente se traslada a Ruanda. “Lo llaman el país de las mil colinas y los Yungas se parece mucho”.

Los primeros africanos que fueron esclavizados en el siglo XVI no sobrevivían a las condiciones climáticas adversas de Potosí, primer lugar al que arribaron para trabajar acuñando moneda para la corona.

Algunos huyeron (los llamados cimarrones) y otros fueron llevados a las haciendas de los colonos en los Yungas, un territorio climatológicamente más generoso con ellos. Sus dueños los marcaron con la carima y les bautizaron con sus apellidos españoles: Medina, Torres, Zabala, Gutiérrez o Pinedo se han mantenido hasta la actualidad.

Allí se asentaron y arraigaron costumbres que en los últimos años se están perdiendo por el mestizaje con pueblos indígenas. Los lugareños consideran, por ejemplo, que platos como el fricasé, el mondongo, la jaconta y el anticucho tienen raíces africanas. Las personas mayores todavía conservan el dialecto afroyungueño.

A oídos de extraños puede parecer un español mal hablado, pero es un vestigio más del patrimonio cultural afroboliviano, una gramática particular de la lengua que la esclavitud les obligó a aprender.

Durante siglos, la discriminación hacia ellos, incluso por los indígenas, sus “hermanos de infortunio” como los llama el diputado Medina, ha hecho que el pueblo afro se refugiara en la zona yungueña y se invisibilizara para el resto de la sociedad.

Al llegar a Dorado Chico —emblema africano de la zona por su mayoría de población afroboliviana— una tormenta tropical nos recibe y empapa en cuestión de segundos. Los zapatos de Joseph se embarran rápidamente en el tramo que va desde la carretera hasta la casa de Juan Angola, su amigo “y una de las figuras intelectuales de referencia entre los afro”, según el historiador Fernando Cajías. Joseph coloca su maleta sobre la cabeza al más puro estilo africano caminando con el equilibrio típico de las mujeres de su tierra.

Los gritos despiertan a Angola, que sale a recibirnos. Economista e historiador, ha escrito varios libros sobre los afrobolivianos y preside la Fundación de afrodescendientes Pedro Andaverez (Fundafro). Nos invita a pasar y enseguida nos muestra las diferentes harinas de muraya (plátano deshidratado), chila y yuca que elabora como parte de su última investigación. “Se ha olvidado lo que cultivaban nuestras madres y tías.

Era todo ecológico y mucho más sano. Todo el mundo en esta zona cultiva coca, donde antes se cultivaba cacao, plátano o yuca. Es mucho más rentable para ellos, pero está repercutiendo en nuestra alimentación. Además, un cocal dura 50 años. Luego desaparece. De aquí a unos años, esta tierra ya no será cultivable”.

¿Africanos en Bolivia?
Esta pregunta se repetía constantemente en los años 80 en las principales ciudades del país. En las décadas posteriores a la reforma agraria de 1952, la repartición de tierras entre los campesinos generó una migración forzosa a las ciudades, haciendo visible a un pueblo que hasta entonces se desconocía en Bolivia.

“Yo soy el menor de 12 hermanos —explica Angola—, la porción de tierra que nos dieron no alcanzaba para todos y tuve que marcharme a estudiar a La Paz”. Como él, se fueron muchos jóvenes afro que querían saciar sus ansias de estudiar más allá de la escuela básica, lo que por aquella época ofrecía la región yungueña.

La mayoría de las primeras emigrantes fueron mujeres. “No nos daban porciones de tierra y muchas de nosotras no teníamos nada que hacer en nuestras comunidades, así que nos fuimos a las ciudades”, explica Julia Pinedo desde el minibús que desde hace siete años maneja en la zona de Coroico.

Ella fue una de las lideresas que abanderaron el Movimiento Cultural Saya Afroboliviana (Mocusabol), “que surgió en los años 80 como una forma de hacerse escuchar y reivindicar su identidad afro”, señala el historiador Fernando Cajías.

“Cuando llegué a La Paz a estudiar no fue fácil —comenta Julia—, buscaba empleo y los hombres me decían que me quedara con ellos esa noche. Ahí decidimos las mujeres hacernos fuertes e independientes de los varones”. Los tambores y la música eran la mejor manera de reivindicación.

La saya triunfó y les hizo visibles, pero la discriminación persistió. El siguiente paso consistía en demostrar que no solo eran un pueblo que bailaba y festejaba, sino que podían estar en espacios intelectuales, profesionales y políticos, algo que se está logrando en la actualidad, con la presencia del diputado Jorge Medina o la concejala de La Paz Virginia Pinedo, ambos del MAS.

“¡Sobrino, ¿cómo has estado? !”
Juan Tórrez, vecino de Juan Angola saluda efusivamente a Joseph cuando lo encontramos paseando por las calles de Dorado Chico. Hace un año Joseph pisó los Yungas por primera vez y desde entonces le apodan “el sobrino africano”.

Juan presenta a su pareja Cristina, mujer aymara con la que lleva “felizmente casado” 33 años. Viven de la agricultura y de convertir su patio en un salón de comidas para los vecinos del pueblo los fines de semana. “Cuando fui a La Paz a estudiar era el único negro del colegio.

Todos se reían de mí, menos Cristina”, comenta mientras la mira con ojos de enamorado. Cuando se casaron había apenas matrimonios mestizos, una realidad en aumento. “¡Mi familia hizo una fiesta cuando les dije que mi novia era blanca!”. “En mi caso —cuenta Cristina— mi padre no lo aceptaba, pero a mí no me importó nunca”.

La pareja acompaña a Joseph hasta la iglesia del pueblo, un pequeño templo que construyeron los patrones en la colonia y que llevaba 25 años descuidado y dejado en manos de saqueadores hasta que decidieron recuperarlo. Cada 20 de mayo se celebra la fiesta de la comunidad.

“Antes se bailaba morenada y diablada, pero desde que recuperamos la iglesia pedimos cosas a nuestro santo y bailamos saya. Como a nosotros nos gusta”, comenta Tórrez.

Las pocas costumbres religiosas que trajeron los afro a Bolivia como el mauchi, un rezo fúnebre que se canta después de enterrar al difunto, o la semba para la fertilidad de la mujer y la tierra, se perdieron casi en su totalidad con el tiempo y la imposición de la Religión Católica, que en la actualidad va perdiendo frente a la evangélica.

El mercado de Coroico da vida y color al pueblo los sábados en la mañana. Joseph no duda en tomarse fotografías con todas las personas afro que encuentra a su paso. Candelaria Barra, vestida de pollera y bolso, compra huevos en una tiendita. “Antes, cuando íbamos a Copacabana nos miraban mucho, ahora vamos a todo lado”.

La mujer afro ha tenido que soportar el triple estigma de ser negra, mujer y pobre. “Ahora, te acercas a una joven y ya no te habla como antes, ya no se deja engañar”, apunta Julia Pinedo.

En la tienda de Marcelo Vásquez y Mariela Pinedo, dos jóvenes de 24 y 22 años, se conceden créditos para la compra de electrodomésticos de todo tipo. Ya no son agricultores, sino empresarios y estudiantes de Contaduría. Mariela tampoco viste de pollera, una tendencia que se pierde entre las jóvenes. “Me siento más cómoda en pantalón”. Prefiere reivindicar su identidad afro a través del baile.

En 2012 fue elegida la Tawaco del Jisk’a Anata del Carnaval representando a la agrupación de saya Orisabol. Joseph escucha atentamente todas las conversaciones y toma notas que le servirán para culminar su historia sobre los afrobolivianos, un pueblo condenado a la extinción por el mestizaje y consciente de que su cultura se está perdiendo, a menos que las jóvenes generaciones se nutran de la tradición oral de los mayores antes de que éstos desaparezcan.

Joseph abraza a Juan Angola, le promete volver y se marcha con la nostalgia de quien deja un pedazo de sí mismo en el lugar al que llegaron las raíces de sus ancestros.

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Perú: La nueva inquisición

    La nueva inquisición

Agustín Haya de la Torre / laprimeraperu.pe
El pedido del cardenal Juan Luis Cipriani de someter a referéndum el aborto terapéutico y el matrimonio entre personas del mismo género resulta claramente inconstitucional. El artículo 32 de la Carta Política dice explícitamente que no pueden someterse a referéndum la supresión o disminución de los derechos fundamentales.

El arzobispado conoce perfectamente el texto pero insiste en una campaña premeditada contra los derechos humanos que no es de ahora.

aborto siEl aborto terapéutico rige en el Perú desde hace noventa años pero no se aplica por la presión de la Iglesia católica. La misma intimidación la ejercen contra el matrimonio entre parejas del mismo sexo, de nuevo en la agenda parlamentaria.

Dichas campañas arremeten contra derechos fundamentales a la vida y a la salud, así como a la igualdad y a la identidad de las personas y atentan contra el libre desarrollo de los individuos.

El caso del aborto, que siempre será una intervención traumática y excepcional, deviene en algo penoso por su concepción y consecuencias.

El propio Código Penal si bien lo establece por razones extremas que afecten la vida o la salud de la madre, añade otras dos definiciones, uno que denomina sentimental y otro eugenésico, francamente retrógradas.

El “sentimental” es el embarazo producto de una violación, donde si la víctima aborta va presa tres meses y si el delito proviene de su pareja legal, va presa dos años.

En el eugenésico, cuando el feto adolece de graves deficiencias físicas o psíquicas, la madre, encima de la desgracia, va presa tres meses.

La Organización Mundial de la Salud publica desde tiempo atrás un documento para el aborto sin riesgos con técnicas y políticas recomendadas para su aplicación.

Elaborado por especialistas internacionales del más alto nivel, el texto precisa los pasos y los límites de una práctica rigurosa y supervisada hasta la semana 14, tiempo que precede a la formación de la psique en el ser en desarrollo.

Las consecuencias de no respetar la vida y la salud de las madres deviene en una crueldad superlativa. Los casos de mujeres fallecidas o incapacitadas por culpa del fanatismo religioso suman millones cada año, así como la maldad supina de obligar a nacer y amamantar a criaturas sin cerebro, que mueren al poco tiempo.

Las creencias religiosas que discriminan a la mujer y quieren imponerse por encima de los derechos de las personas, afinan también su puntería contra el matrimonio gay.

Empeñados en obligar a la sociedad a comulgar con su extraña represión sexual, los célibes del Vaticano suelen indignarse contra lo que consideran “anormal”, como si la represión fuese un signo de salud mental.

En muchos países rige ya el matrimonio entre personas del mismo género sin ningún problema. El tema de fondo que Cipriani pretende ignorar es el carácter laico del Estado y por tanto sus puntos de vista solo alcanzan a sus fieles, por lo demás grandes expertos en la práctica de la doble moral.

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Perú: Racismo y poder

    Racismo y poder en el Perú de hoy

Por Roger Merino* / katari.org
No hay peor racista que aquel que niega el racismo o lo minimiza, pues con ello no solo agrava la situación de discriminación constante que se sufre en el país, sino que además la normaliza.

Racismo y poder en el PerúArgumentos tales como el racismo inverso o que los “prejuicios contra los blancos son igualmente nocivos” (Pasquel, 2014; Santillana, 2013) no solo muestran un total desconocimiento del grave problema del racismo en el Perú, sino que además reafirman el profundo racismo de muchas élites intelectuales y profesionales.

El racismo no es un simple problema de prejuicios o resentimiento que afectaría a todos por igual, como se pretende hacer creer.

El racismo como discurso e instrumento de dominación nace en la colonia mediante el establecimiento de una jerarquía de poder que organiza la sociedad en términos sociales, políticos y económicos.

La explotación y exterminio del indígena en las minas de la serranía y las haciendas durante la colonización y buena parte de la república, el exterminio y esclavitud a que fueron sometidos los indígenas amazónicos durante la fiebre del caucho (1879 – 1912) y muchos otros ejemplos históricos, se enmarcan en un sistema fundamentado en el racismo como base de la colonialidad del poder, tal como señala Aníbal Quijano.

El racismo justificó la negación de la humanidad y la inferioridad del indígena y del afroperuano.

Esta jerarquía de poder es tan arraigada que los diferentes matices del color de piel siguen jerarquizando a los individuos incluso dentro de los grupos marginados. Como señala Marisol de la Cadena, no se trata solo de blancos, mestizos, indios y negros.

Los mestizos más blancos son jerarquizados como superiores a los mestizos más indios, los indios que esconden su lengua materna y su indigenidad son jerarquizados como superiores a los indios que persisten en sus normas culturales.

Esta situación se mantiene hasta hoy en la vida cotidiana, en donde los insultos racistas entre mestizos, indígenas y negros se enmarcan en esa jerarquía que tiene en su cúspide a las élites sociales.

Esa jerarquía de poder no es solo un problema de estereotipos en los programas de televisión o discriminación en el consumo.

Es un problema que se enmarca en la lógica más profunda del poder público, tan normalizada que su ejercicio es simplemente ignorado.

Por ejemplo, cuando Fernando Belaúnde escribió La conquista del Perú por los peruanos (1959) o Alan García escribió El perro del hortelano (2007), ambos observaron a la Amazonía como un espacio libre a explotar pasando por encima de sus habitantes.

Estos discursos implícita o explícitamente retratan a los indígenas amazónicos como obstáculos al desarrollo y por ello lo instrumentalizan o lo hacen dispensables en el proyecto modernizador.

Y es que el racismo es tan grave que está en la base de muchas políticas públicas en el país hasta el día de hoy.

El racismo se convierte en una violencia institucional que justifica el hecho de que, por ejemplo, la mayor parte de los territorios indígenas se encuentren concesionados sin ningún tipo de consulta ni respeto a sus habitantes.

Ese racismo permite esencializar al indígena como “anti-minero”, “anti-desarrollo” o simplemente mediocre, sin que nadie se inmute.

En dicho contexto, banalizar el problema señalando que los blancos también son “víctimas” de prejuicios y que los indígenas son racistas al ser “resentidos”, es un argumento deleznable y profundamente racista pues pretende ignorar la jerarquía de poder instaurada en la consciencia colectiva, estructura institucional, procesos económicos y discursos sociales por más de 500 años en América.

Reconocer el problema del racismo y desmantelar su jerarquía de poder en términos políticos, jurídicos, económicos y sociales es fundamental en nuestro país. Para ello, un primer paso es desmantelar la fachada “multicultural” y “tolerante” de ciertas élites verdaderamente racistas.

Referencias
Belaunde, F., 1959. La Conquista del Perú por los peruanos. Lima: Tawantinsuyu.
De la Cadena, M., 1998. Silent Racism and Intellectual Superiority in Peru. Bulletin of Latin American Research, 17 (2), pp. 143-164.
García, A., 2007. El síndrome del perro del hortelano. El Comercio, 28 October, Lima.
Pasquel, E., 2014. China Jacinta, Paisana Tudela. El Comercio, martes 25 de Marzo. http://elcomercio.pe/opinion/mirada-de-fondo/china-jacinta-paisana-tudela-enrique-pasquel-noticia-1718090
Quijano, A., 2000. Coloniality of Power, Eurocentrism, and Latin America. Nepantla: Views from South, 1 (3), pp. 533-580.
Santillana, M., 2013. El racismo es de doble vía. Semana Económica, 20 de agosto del 2013. http://semanaeconomica.com/oso-decirlo/2013/08/20/el-racismo-es-de-doble-via/

*Roger Merino es Ph.D. (c) en Ciencias Sociales y Políticas por la Universidad de Bath del Reino Unido, donde obtuvo el grado de Máster en Políticas Públicas Internacionales y Globalización. Es abogado por la UNMSM, con maestría en Derecho Comparado y Economía por la Universidad Internacional de Turín.

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Conferencia Episcopal Boliviana (CEB)

    Algunas preguntas para la Conferencia Episcopal Boliviana

Ollantay Itzamná /rebelion.org
Conferencia Episcopal BolivianaMientras muchos obispos católicos del mundo, sonrojados intentan guardar silencio ante el revelador informe de la ONU que acusa al Vaticano de encubrir a sus miles de pederastas, y el Papa Francisco I se esfuerza por explicar los fondos oscuros del Instituto para las Obrar Religiosas (IOR, que es el banco del Vaticano), los “cándidos” obispos católicos de Bolivia intentan distraer a la opinión pública sobre “el narcotráfico creciente” y la “corrupción pública” que carcome al gobierno y a la sociedad boliviana.

Existen millones de preguntas para la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) por su complicidad criminal en el país, como almas en pena existe en la triste historia boliviana. Pero, no viene al caso, ahora.

Los obispos de CEB dicen estar perplejos con la corrupción en el gobierno actual.

¿Dónde estuvieron ellos cuando Bolivia era catalogada como la campeona o sub campeona en la corrupción mundial durante los gobiernos católicos?
¿Acaso no celebraban y bendecían a aquellos corruptos hijos suyos?
¿Qué hacían los mitrados cuando los neoliberales católicos entregaban las propiedades y bienes comunes del país condenando a la miseria más brutal a las y los bolivianos?

¡Ni hablar de la sacro santa corrupción milenaria que pudre por dentro a la entidad católica! Y, lo decimos con conocimiento de causa.

Ellos indican que la corrupción del gobierno actual daña a las personas, y tienen razón. Pero, ¿existe acaso mayor acto de corrupción que dañar sexual y moralmente a los niños indefensos de por vida? Para esos millones de niños (ahora, jóvenes o adultos), víctimas de curas y obispos pederastas, que hoy cargan las consecuencias católicas, mejor hubiera sido que sus madres los hubiesen abortado.

¿Sacó algún comunicado la CEB sobre sus pederastas que disfrutan libres bajo el manto sagrado de la impunidad? Si corromper a niños y niñas ya es una brutalidad que no tiene nombre, encubrir sistemáticamente a los culpables no tiene perdón, ni aquí, ni allá.

Acostumbrados a monopolizar los privilegios, los obispos se escandalizan porque el narcotráfico crece en Bolivia. Pueda que sí, porque las sociedades occidentales (cristianas), ahora, demandan más droga.

Conferencia Episcopal BolivianaPero, ¿qué dijo la CEB sobre el lavado de dinero y quiebra del santo Banco Ambrosiano? ¡Hasta colgaron, bajo un puente, en Londres, al Presidente de este sagrado banco del Vaticano para que no develase el origen oscuro de los euros con aroma al opio oriental!

¿Por qué la CEB guardó silencio, en la segunda mitad del pasado siglo, cuando en las carreteras de Bolivia se vendía la cocaína como harina de trigo?
¿Será porque la élite política, de ese entonces, estaba integrada por católicos privilegiados y absueltos?
¿O será porque compartía el negocio y el festín de las drogas?

También dicen los obispos que la corrupción boliviana se arrastra de generación tras generación. Pero, ¿quién y dónde se educaron y bautizaron esos corruptos?

A los obispos católicos bolivianos, que ahora, juegan a caballos apocalípticos del desastre para defenestrar los intentos de cambios innegables en el país, se les sugiere que en estos tiempos de cambio la mejor prédica es con el ejemplo.

Es evangélico que se miren la viga que llevan en el ojo, antes de mirar la paja en el ojo ajeno.

La jerarquía católica (al igual que todas las entidades religiosas) acumuló multimillonarias riquezas en estas tierras de Abya Yala y en el mundo, producto de la corrupción y el saqueo sangriento.

Ellos vinieron a estas tierras hambrientos y desnudos, habitados por la avaricia, con el cuento de “bautizar aborígenes para civilizarlos”

¿Y, ahora? ¿Alguien sabe cuánta riqueza acumula inmoralmente la CEB? ¿Por qué, mientras las economías más fuertes del mundo sufren crisis financieras, la economía de las iglesias no padece crisis alguna?

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